2º BACHILLERATO. CURSO 2025-2026

      MIRANDO LA REALIDAD    

https://champagnat.org/es/una-carta-especial-desde-alepo/?text=Una carta especial desde Alepo

Fuente: champagnat.org https://share.google/necq5tkqI7Xwmto3Z

ASAMBLEA DE FORMACIÓN MANOS UNIDAS. MADRID, ABRIL 2025:

https://youtube.com/live/LbogSyWJsss?t=10613&is=RAKsO7KusLqaIPyk

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SdA: 

BEATIFICACIÓN DE MANUEL IZQUIERDO,

ANTONIO MONTAÑÉS Y COMPANEROS MÁRTIRES

 

AMBIENTACIÓN:

Se proyecta un vídeo con imágenes en las que se ve gente entregada, haciendo algo por otros (un sacerdote celebrando la eucaristía, ungiendo a un enfermo; una mujer atendiendo a los pobres; un matrimonio con sus hijos; una religiosa acompañando niños…), con una música de fondo.

VIDEO: https://youtu.be/TSKlSSRRL8A?si=1v-lhHErL8bex_1K

La Santa Iglesia Catedral de Jaén fue para muchos de nuestros beatos mártires la cárcel de la que salieron para dirigirse a la muerte.

Los héroes de los que vamos a hacer memoria no llevan capa, o al menos no al estilo de Marvel. No salen en comics que venden miles de ejemplares, ni son protagonistas de películas y series millonarias. Tampoco, que sepamos, tuvieron vehículos futuristas, enemigos sobrenaturales o armas destructoras. Dice la RAE que héroe es la “persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble”. Nuestros héroes fueron hombres y mujeres sencillos. Algunos eran sacerdotes, y nada más que sacerdotes. Otros, laicos y laicas, que querían al Señor y se dejaron amar por él. Otra era religiosa clarisa. Lucharon contra el mal, pero con el bien. Fueron defensores de aquello en lo que creían, defensores de su sacerdocio, de su profesión religiosa, de su condición de discípulos, aún en las más difíciles circunstancias. Y permanecieron firmes, con la cabeza alta, cuando les tocó mirar a la muerte cara a cara. Sin capas, sin efectos especiales, sin armas, sin música espectacular.

Fueron a la lucha, con corazón valiente, con alma generosa, con una capacidad de entrega más que humana, sin saber que perderían o dispuestos a perder. Pero para ganarlo todo. Aunque nosotros no los llamamos “héroes” sino “mártires”, que es una palabra más nuestra. Mártires significa “testigos”. Sí, fueron testigos y su testimonio se ejerció no solo de palabra, sino con la entrega total de sí mismos en favor de aquel de quien daban testimonio. Dijo Jesús que “el discípulo no es más que su maestro”. Por eso, ellos estaban dispuestos a perder la vida para ganarla toda entera, para ellos y para nosotros, que, por su ejemplo e intercesión, somos llamados a la coherencia en el testimonio de la fe, a la generosidad en el ejercicio de la caridad para con los hermanos, y a la magnanimidad en el perdón para aquellos que nos ofenden o nos hacen daño.

PRIMERA PARTE:

Uno de los pilares de su vida fue la Palabra de Dios. Escuchemos con el corazón, pues los siguientes textos bíblicos expresan lo que vivieron nuestros mártires, cómo fue su diálogo con el Señor, su experiencia de sentirse acompañados y fortalecidos por Dios, y las mismas palabras de Jesús también a los apóstoles hablándoles de la persecución que tendrían que soportar por ser fieles, pero no perderán su alma.

Lectura del libro del Eclesiástico (51,1-12)

Te doy gracias, Señor y Rey, te alabo, oh, Dios mi salvador, a tu nombre doy gracias. Porque fuiste mi protector y mi auxilio, y libraste mi cuerpo de la perdición, del lazo de una lengua traicionera, de los labios que urden mentiras; frente a mis adversarios fuiste mi auxilio y me liberaste, por tu inmensa misericordia y por tu nombre, de las dentelladas de los que iban a devorarme, de la mano de los que buscaban mi vida, de las muchas tribulaciones que he sufrido; de las llamas sofocantes que me envolvían, de un fuego que yo no había encendido; de las entrañas del abismo, de la lengua impura, de la palabra mentirosa, calumnia de una lengua injusta ante el rey. Yo estaba a punto de morir, mi vida tocaba el abismo profundo. Por todas partes me asediaban y nadie me auxiliaba, buscaba a alguien que me ayudara y no había nadie. Entonces me acordé, Señor, de tu misericordia y de tus obras que son desde siempre, de que tú sostienes a los que esperan en ti y los salvas de la mano de los enemigos. Y desde la tierra elevé mi plegaria, supliqué ser librado de la muerte. Clamé al Señor: «Tú eres mi Padre, no me abandones el día de la tribulación, cuando acosan los orgullosos y estoy indefenso. Alabaré tu nombre sin cesar y te cantaré himnos de acción de gracias». Y mi oración fue escuchada, pues tú me salvaste de la perdición y me libraste de aquel mal momento. Por eso te daré gracias y te alabaré, bendeciré el nombre del Señor.

Salmo

El Señor nos libró de la muerte.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte —que lo diga Israel—, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas, Llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas impetuosas.

Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador: la trampa se rompió, y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (21,12-19)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.

PARTE: EL EJEMPLO Y EL TESTIMONIO DE LOS MÁRTIRES

Reseñas de algunos mártires sacadas de la página web de los mártires giennenses del siglo XX.

Testimonios muy breves de lo que fue la vida y la muerte de algunos de nuestros beatos.

 

Sus vidas diversas y sus muertes, acaecidas en distintos lugares y circunstancias, tienen algo en común: que lo entregaron todo por el Señor. Y por no renunciar a aquello que para ellos era más valioso que la propia vida.

 

Por eso, sus palabras, sus miradas, sus manos, sus pies, sus corazones entregados al Misericordioso son significativos para nosotros y nos son entregados también como don que viene del cielo para la Iglesia que camina en Jaén.


1.     Las palabras: Manuel Izquierdo

 

Manuel Izquierdo nació en Castillo de Locubín. Sus padres se dedicaban al campo. A los veinte años estaba huérfano de sus dos progenitores y trabajaba para mantener a sus cuatro hermanos menores. Fue un joven pendenciero, que reformó su conducta e ingresó en el Seminario ya mayor. Ordenado diácono, ejerció este ministerio en la parroquia de San Idelfonso de Jaén. Siendo Cura Ecónomo de Arbuniel, inició las obras de construcción de la Iglesia parroquial de San Juan Bautista.

Vivía en Villardompardo, de donde era párroco desde 1921. Fue sacado una noche de su domicilio, cuando dormía en su cama. Tras ser detenido fue llevado al campo, donde le quitaron la vida, dejando allí su cuerpo sin enterrar varios días, hasta que, sigilosa- mente, algunas buenas mujeres cubrieron con tierra sus restos.

Se nos ha conservado un manuscrito suyo, redactado pocos días antes de su muerte, a modo de despedida. Dice así: “Solo, solo y no de Dios sin tener con quien hablar ni con quien poder cambiar la más mínima impresión, en esta cueva en que hoy vivo. A las doce de la noche, por si me visita el coche, estos renglones escribo como homilía de despedida. Demás parientes y amigos. Si tal cosa aconteciera, ruego a todos confiado que no hagan aspavientos, que se muestren resignados. La vida es un suspiro y el tiempo rueda veloz, por eso pronto, muy pronto, todos juntos estaremos llenos de satisfacción. Sea por siempre bendito por todas las criaturas el Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús”.

 

Solo la palabra de Dios es poderosa, creadora, viva y eficaz. Pero algunas veces, por don divino, la palabra humana, se vuelve elocuente, cierta, verdadera e inspiradora. Así la palabra de Manuel. Así la palabra de sus compañeros mártires: es luz que ilumina nuestra Iglesia de Jaén.

 

Y nuestra palabra ¿cómo es? Y nuestra boca, ¿es para el anuncio y la alabanza?


 

2.     La mirada: Antonio Montañés

Antonio Montañés nació en Alcalá la Real, siendo bautizado el mismo día de su nacimiento. Su padre era zapatero. Realizó sus estudios en los Seminarios de Baeza y Jaén. Recién ordenado sacerdote, fue nombrado Coadjutor de la parroquia de Castillo de Locubín. Luego fue Ecónomo de la parroquia de Las Riveras y más tarde pasó a la parroquia de Charilla. Posteriormente estuvo en la parroquia de Villacarrillo, donde creó la Sección de la Adoración Nocturna Española. Finalmente pasó de Villacarrillo a la parroquia de Santa María de Alcalá la Real, donde serían depositados sus restos después de su martirio, acaecido en Castillo de Locubín.

 

Entró en la prisión, en el monasterio de las Madres Dominicas, en julio de 1936 y salió para ser fusilado en septiembre del mismo año. Durante todo este tiempo, según la narración de las Madres Dominicas, fue cruelmente atormentado y martirizado. Lo llevaron ante un Señor crucificado muy grande que tenían las Madres Dominicas en el coro y que habían sacado al patio. Allí había una bola muy grande de piedra. Le mandaron se la tirara al Cristo. Pero él, al ver al crucificado, se arrodilló y lo adoró, y, llorando, les dijo que hicieran con él lo que les pareciese, pero que él no le tiraba la piedra. Entonces obligaron a uno de los otros presos para que rom- piese la imagen en su presencia.

 

Antonio miró al crucificado. El mirarlo no solo le dio compunción y pena, sino que lo armó de valor para mantenerse firme en su fe. La mirada de Antonio y de sus compañeros mártires es luz que ilumina nuestra Iglesia de Jaén.

 

Y nosotros, ¿cómo miramos al Señor? Y ¿cómo es nuestra mirada a los hermanos?


 

3.     Los pies: Teresa Basulto

 

Teresa Basulto y su esposo Mariano, nacieron en Adanero, en la provincia de Ávila. Teresa era hermana del beato Manuel Basulto, que nació poco más de dos años antes que ella, y que fue obispo de Jaén, martirizado en 1936, en el mismo lugar y hora que esta hermana suya y su esposo.

De este matrimonio nació, al menos, una hija.

 

Cuando comenzó la guerra civil, el beato Manuel Basulto, era Obispo de Jaén. Y con él residían, en el propio edificio del obispado, su hermana Teresa y su esposo.

 

En agosto de 1936 se presentaron en el obispado más de doscientos hombres armados buscando al obispo, al que detuvieron en una de las oficinas. Junto al Obispo detuvieron al Vicario General, así como a la hermana y el cuñado del Obispo. Por la noche los condujeron a todos a la Catedral. Los encerraron en la Sala Capitular, durante diez días. Durante estos días los vigilaban extraor- dinariamente y les negaban la comida. Entonces los sacaron de la Catedral y los condujeron al tren de la muerte camino de Madrid. Al llegar a la estación de Villaverde, entre Villaverde y Vallecas, los guardias civiles no pudieron contener a los que se abalanzaron al tren. Los hicieron bajar y los ametrallaron. A Teresa la asesinaron las mujeres. La única razón de la prisión y el martirio de este matrimonio fue su fe: porque eran familia del Obispo. La misma Teresa afirmó antes de morir que la mataban “por creer en Dios”.

 

Teresa, junto con los demás que la acompañaban, tuvo que hacer un largo camino, no tanto físico cuanto espiritual: del obispado a la Catedral-cárcel, de la Catedral al tren… en definitiva, de la vida a la muerte. Un camino parecido al que Jesús tuvo que hacer, subiendo a Jerusalén, para abrazar la cruz. Por eso podemos decir que los pies de teresa, su caminar, eran para Dios.

Los pies de Teresa y de sus compañeros mártires son luz que ilumina nuestra Iglesia de Jaén.

 

Y nuestros pies, ¿son para el Señor? ¿Son los caminos del Señor los que nosotros transitamos?

 


4.     Las manos: sor Isabel María Aranda

Cuando ingresó en el monasterio de las Madres Clarisas, en Mar- tos, Isabel María tenía solamente 14 años. Había nacido en Hino- josa del Duque (Córdoba). Tras el postulantado y el noviciado, la primera profesión la hizo a los 16 años. Entró al convento como hermana lega. En junio de 1936 fue elegida abadesa. Llegada la Guerra Civil, nuestra madre no quiso abandonar a sus religiosas y renunció a marcharse con su familia. Se internó en una casa cer- cana al convento, llamada Casa de las Ánimas, en la que perma- neció hasta el día de su martirio.

 

El 12 de enero de 1937, fue detenida en una saca de represalias. Después de una corta estancia en prisión la llevaron por la noche con medio centenar de personas al cementerio anejo de Las Casi- llas. Apartada del grupo con otras religiosas, fue arrastrada por el campo y maltratada cruelmente. En un esfuerzo incomprensible humanamente, arrastrándose como pudo, logró asirse de la verja del cementerio cuando quisieron hacerla entrar, negándose a ello. Varios disparos acabaron con su resistencia. La mano con que se había asido a la verja del cementerio no la pudieron desprender, lo que les dio a sus ejecutores ocasión para cortarle el brazo.

 

En el monasterio de Santa Clara de Jaén se custodian con venera- ción los restos del brazo de sor Isabel María. El Antiguo Testamento dice en varias ocasiones que Dios actúa con “mano fuerte y brazo tenso” para referirse a la forma de actuar del Señor con su poder, para defender a su pueblo. A Isabel Dios le concedió el don de tener “mano fuerte y brazo tenso” para defender su fe. Perdió el brazo, pero no la vida, porque alcanzó la vida eterna.

Las manos de sor Isabel María y de sus compañeros mártires son luz que ilumina nuestra Iglesia de Jaén.

 

Y nosotros ¿ponemos nuestras manos, nuestra fortaleza, al servicio del Reino y del Evangelio de Cristo


 

 

5.     El corazón: José Martínez


José nació en Valdepeñas de Jaén y fue bautizado el mismo día de su nacimiento. Sus padres se trasladaron a Madrid, donde él estudio farmacia. Una vez titulado volvió a Valdepeñas y ejerció como farmacéutico. Contrajo matrimonio allí, con Luz Luna. De su matrimonio nacieron seis hijos, aunque dos murieron de pequeños. Los educaba para que fueran buenos cristianos, no con piedad dul- zona, sino para que fueran ejemplo de honestidad y honradez, como ellos mismos contaban.

José era el primero que daba ejemplo, asistiendo diariamente a misa y comulgando, y atendiendo en la farmacia a todas las fami- lias, aunque no tuvieran dinero para pagar, lo que era frecuente en aquel tiempo. En su casa se rezaba cotidianamente el rosario en familia, además del ofrecimiento del día, y las oraciones en la co- mida y de la noche.

 

A José se lo llevaron detenido al Casino en la Calle Real y lo instalaron en una habitación del piso de arriba. Allí acudía su esposa por la noche a cuidarlo, unos diez minutos; y llevaba cada día a uno de sus hijos, para que los viera a todos.

Una noche lo sacaron en un camión diciendo que lo llevaban a Jaén, y a la mañana siguiente lo encontraron asesinado en la carretera.

Según los testigos, le pidieron que blasfemara y renegara de su fe y así le perdonarían la vida. Él se negó, afirmando que lo más grande que tenía era su fe en Dios. Después de dispararle, falleció entre grandes dolores, rezando y perdonando a sus ejecutores.

Los paisanos y la familia lo recordaban como un hombre bueno, valiente, fervoroso y de honda caridad con el prójimo. Su esposa, al terminar la guerra, perdonó a los asesinos y les inculcó a sus hijos ese mismo espíritu de perdón.

José había puesto su corazón en el Señor. Había entendido muy bien lo que Jesús dijo en el Evangelio: “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mt 6,21). Y decidió que lo más valioso para él era Dios. Por eso fue capaz de vivir como vivió y de morir dando testimonio.

El corazón indiviso de José y de sus compañeros mártires es luz para nuestra Iglesia de Jaén.

 

 

José nos invita a nosotros a preguntarnos hoy: ¿le ofrecemos al Señor nuestro corazón indiviso?

 


 ORAMOS CON ELLOS

Jesús dio su vida por nosotros; demos también nuestra vida, no por él, sino por nosotros, por los hermanos,

por los otros,

por aquellos que van a sentirse alentados por nuestro martirio cotidiano

por nuestra entrega generosa y constante. Todavía nos queda tiempo de gloriarnos.

Pues dice la Escritura:

“Nos gloriamos en las tribulaciones

sabiendo que la tribulación produce constancia; la constancia, virtud probada;

la virtud, esperanza;

y la esperanza no defrauda,

porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones

con el Espíritu Santo que se nos ha dado».

 

Dice así la segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo: “Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. Sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio” (2Tim 4,2.5).

 

Nuestros mártires tuvieron una palabra significativa. Sus voces no se apagaron ni en los momentos más difíciles. Supieron decir a los compañeros palabras de consuelo en medio del dolor.

 

Nuestros mártires tuvieron una mirada compasiva. Hacia el Señor, crucificado, con el que se identificaron en sus propios suplicios. Pero también hacia los demás, cuando se ofrecieron a morir por otros, y cuando fueron capaces de perdonar a sus verdugos.

 

Nuestros mártires supieron seguir al Maestro. Con radicalidad. Sin volver la vista atrás. Fueron capaces, con la fuerza del Espíritu, de hacer con Jesús el camino de subida a su propia Jerusalén, en la que habían de ser crucificados.

 

Nuestros mártires pusieron sus manos al servicio del Señor. Fueron siervos humildes y obedientes, que hicieron lo que tenían que hacer. En su ministerio, los sacerdotes; en su vida profesional y apostólica, los laicos; en su entrega al Señor, la religiosa. Cuando uno está enamorado de verdad de Cristo, sus horas, su tiempo, sus energías son todas para él… hasta el final.

 

Nuestros mártires experimentaron en sus vidas el amor insondable de Dios. Por eso fueron capaces de amar… hasta el extremo. Es el amor de Dios el que nos capacita para dar la vida por los amigos… y por los enemigos. Ese amor, unido al de Cristo es un amor redentor. Un amor que se convierte en sementera fecunda que da mil frutos nuevos.


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                        SITUACIÓN DE APRENDIZAJE :

"UN ROSARIO CON MUCHO ARTE"


Abrimos el curso con una apasionante SdA para hacernos eco del gran acontecimiento que viviremos en nuestra Diócesis el día 4 de octubre con motivo del Jubileo de las cofradías y hermandades, en el marco del Jubileo de la Esperanza que estamos viviendo y celebrando, convocado por el Papa Francisco.


A través  de diversas actividades conoceremos todo lo relacionado con la MAGNA, con el Santo Rosario, con los Misterios de la vida del Señor...iremos desvelando en varias sesiones las incógnitas más curiosas y sugerentes. 

Arrancamos

https://www.blogger.com/blog/post/edit/6282595710367210835/2784885638859721164


https://youtube.com/watch?v=XdG5ssMefgY&feature=shared


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SITUACIÓN DE APRENDIZAJE 2:

"UNA VISITA MUY ESPECIAL"

Nuestro Obispo Don Sebastián se acerca a conocernos 

en nuestro IES La Pandera 

https://www.blogger.com/blog/post/edit/6282595710367210835/5909739797844785354


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SITUACIÓN DE APRENDIZAJE 3:

"SEMBRADORES DE ESPERANZA"

https://www.blogger.com/blog/post/edit/6282595710367210835/4664414744453591987


Desde nuestro IES La Pandera el alumnado quiere mostrar su agradecimiento y apoyo a nuestros misioneros diocesanos en Ecuador (Luis Fernando Criado y Emilio Samaniego)


CARTA ABIERTA A UN MISIONERO













¡¡¡ENHORABUENA!!!😍👏💖